Autor: Rubén D. Gallardo
Cuando se hace Musicoterapia es probable que se interprete música, se aprenda música, se cree música y se escuche música; pero la finalidad no es ni la interpretación, ni la creación, ni el aprendizaje, ni la audición pasiva: la finalidad del accionar Musicoterapéutico es la resolución de la problemática por la que consulta. A los Musicoterapeutas, ni la música, ni los instrumentos, ni el sonido, ni la voz nos “dicen” nada acerca de la subjetividad del paciente. Las atribuciones y significados que la grilla cultural deposita sobre el lenguaje musical, sus generadores, los materiales que utiliza y el resultado de sus producciones, enmascaran, sustituyen y someten la expresión de la singularidad del paciente. Es el Paciente quién inviste y significa estas herramientas para que el Musicoterapeuta “entienda” algo de su subjetividad y de lo que lo aqueja proyectado relacionalmente a través de ellas .
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